Hace unos días coincidí con un amigo al que hacía años que no veía. Mientras hablábamos, me decía: – No sabes cuanta envidia me das, cumples con tus compromisos profesionales y familiares y además, sacas tiempo para estudiar. Uno de mis sueños incumplidos, sería poder retomar mis estudios universitarios. –Eso no es ningún problema, -le dije, –Mañana mismo si quieres, te acompaño a la Facultad y así ya podrás comenzar el próximo semestre. –Ya me gustaría a mí,- replicó, -pero es que, no tengo tiempo. -¿-Hablas en serio o me tomas el pelo?, -le dije-, –Si es algo que te deseas desde hace tanto tiempo, a qué esperas poder lograrlo?

Parece que el árbol no nos deja ver el bosque… ¿Realmente estamos tan ocupados como para no tener tiempo para aquello que es realmente importante para nosotros? O tal vez, ¿el “no tengo tiempo”, se ha convertido en un concepto demasiado recurrente?

Cuando decimos “no tengo tiempo“, realmente estamos tratando de decir algo más -aunque lo que exactamente pretendemos, dependerá de la interpretación que haga quien lo dice.

No tengo tiempo……no sé cómo hacerlo y no me atrevo a decirlo.
Tal vez no existe la motivación necesaria para ejecutar la tarea, no se entiende el objetivo de la acción, o como interpretar las instrucciones o secuencias para llevarla a cabo

No tengo tiempo…Soy mejor que tú.
Decir que “estoy más ocupado que tú” significa que soy más importante, o que mi tiempo es más valioso que el tuyo, asi es que tu petición no merece mi atención

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No tengo tiempo….Por lo tanto soy un tipo importante.
Parece que no tener tiempo da a la gente un sentido de que son imprescindibles, necesarios y notables. También es una señal de que se impone la cantidad en lugar de la calidad de la actividad. No tener tiempo y estar siempre ocupado, no significa ser más productivo, ni ser mejor profesional.

No tengo tiempo…Te estoy dando una excusa.
Decir que estás ocupado es una manera práctica eludir una petición, evadirte antes de asumir una responsabilidad o evitar decir abiertamente que no te da la gana. Y así, como no tienes tiempo, no podrás hacer nada por nadie.

No nos confundamos. No tener tiempo, no es ninguna virtud, es un claro error de perspectiva. Es sencillo suponer que tener una gran cantidad de trabajo para realizar, es sinónimo de importancia, de notoriedad. Sin embargo, el no elegir bien nuestras prioridades, nos llevará tarde o temprano a ser ineficaces en nuestra actividad y a experimentar síntomas de ansiedad y estrés.

El “no tengo tiempo” es la manifestación externa de la pereza que supone adquirir un compromiso. Por lo tanto, para combatir esta mentalidad necesitas ser más decidido en tus acciones. Fíjate metas razonables para el día y comprométete a ser el responsable de tu desempeño y actividad cotidiana.

Busca otras formas alternativas a la hora de comunicar tus prioridades y disponibilidad, antes de decir “no tengo tiempo”. Trabaja de forma más inteligente, optimiza tu tiempo, establece claramente tus metas y objetivos y centra la mayor parte de tus recursos en conseguir aquello que persigues. Lo más difícil no es lidiar con la sensación de “no tener tiempo”, es saber claramente a que tarea dedicar el tiempo del que dispones en cada momento.